Wednesday, June 28, 2006

Y tú, qué diras?

Leí en un artículo las últimas frases pronunciadas por personajes célebres de la historia antes de morir. Algunas eran tan impresionantes (por el contexto, claro) como la de Valle Inclán, que dijo "me muero, pero hay que ver lo que dura".

Después de mucho pensar, y dado que dudo mucho que mi persona se recuerde por un premio Nobel o similar, he decidido que mi frase será la siguiente: "me aburro... cuándo llegamos?"

¿cuál será la tuya?

sigo perdida, claro...

Monday, June 26, 2006

Equilibrio

Mis tres ejes vitales: lectura, carrera, sexo/amor.

Me he quedado sin uno, así que habrá que aumentar la frecuencia de los restantes.

Leer no puedo leer más.

Follar siempre se puede más. Dicen que el organismo femenino nunca llega a cansarse del sexo; el masculino, en contra de lo que muchos pretendan alardear, tiene un límite (y no lo digo yo, que lo dicen los expertos)

La pregunta es: ¿está feo leerse un libro mientras tu amante se lo trabaja?

sigo perdida, claro...

Wednesday, June 21, 2006

Finales

Seis años larguísimos corriendo sin parar, pero ya tengo mi título en la mano.

sigo perdida, claro... licenciada, pero perdida...

Sunday, June 18, 2006

Diálogo de besugos

- Vale... mmmmm, 3... 2... 1... orgasmo!
- ¿Ya?
- ¿Qué?
- ¿Ya te has corrido?
- mmmm, sí, eso parece.
- pero si acabamos de empezar...
- es que eres REALMENTE BUENO.
- ah, ok...

Prueba a hacer esto con el tío que peor se lo monte en la cama y más te babee encima. Es casi infalible. Prueba a relatar una historia de naves espaciales, hombres verdes y cabras mutantes folladoras, que si metes un "es que eres realmente bueno", su cerebro se quedará con esto último.

Desde aquí hago un llamamiento a todos los hombres que no se sientan identificados con la penosa escena anterior, valeis mucho. Yo no veo naves espaciales ni hombres verdes (lo de las cabras me lo reservo...) pero lo que debes tener claro es que si no eres bueno, no te lo diré.

sigo perdida, claro...

Wednesday, June 14, 2006

Hay que ver lo que jode...

De verdad que hay veces en que parece absurdo que todo el mundo te haga responsable de su vida. Vamos a ver unas cuestiones:

1. Cada uno tiene su vida.
2. Cada uno la vive como quiere.
3. Cada uno tiene lo que se busca.

Entonces, ¿por qué la gente se empeña en vaciar su propia basura encima de los demás?

Yo NO tengo la culpa de todo, ok? No la tengo, y dicho esto, no logro entender por qué uno me machaca y el otro no me quiere comprender.

Plan de acción: NO voy a estar ahí, si eso significa joderme yo la vida. A mi costa no, nenes.

sigo perdida, claro...

Sunday, June 11, 2006

Me pongo a 100?

Fue la frase con mayores consecuencias que dije durante mis clases de conducir. Me refería a la velocidad del coche (¿obviamente?) pero mi profesor (un simpático treintañero que sobrevolaba la cuarentena, bien llevada, sin embargo) sólo dijo un "salgo a las 21,30 y ya sabes dónde vivo". A mi él no me ponía en términos sexuales, pero aquella situación de confusión aprovechada me excitó mucho. Preferí dejarlo ahí y simplemente no pensé.

A las 21.45 (lo bueno se hace esperar...y yo aún estaba algo indecisa) me planté en la puerta de su casa y llamé sugerentemente con los nudillos. Mi profesor abrió la puerta con una copa preparada para mi en la mano y me acompañó, caminando detrás de mi, hasta el sofá del salón. La situación era algo cortante y por un segundo me pregunté a mí misma qué estaba haciendo allí, con aquel hombre que además de ser mi profesor, me llevaba casi 20 años y se había puesto la camiseta que más me gustaba. Él rompió el hielo (o lo intentó) con una frase tal que así "la clase de hoy la has hecho muy bien... te voy a presentar al examen el día..." y antes de que me dijera la fecha, yo ya estaba sentada a horcajadas sobre él.

No pienses, no pienses...

Comencé a besarlo lentamente, con suavidad, en los párpados, la frente, la barbilla, y en la comisura de los labios, y simplemente así pude ya sentir la dureza de su miembro bajo mis muslos. Empezó a tocarme con las manos algo nerviosas, así que preferí colocárselas detrás de su espalda, y hacer yo... le llevé al límite y me contenté con ello, me gustaba ser yo ahora la autoritaria, después de tantos meses de indicaciones suyas en el coche. Ahora yo decía la dirección y llevaba el control del vehículo.

No le dejé hacer nada, le hice disfrutar hasta que quedó cansado y con los ojos cerrados, y luego de todo eso, le tocó a él.

Fue una noche larga y extraña, pero yo ya obtuve mi carnet de conducir y recuerdo la experiencia como productiva. Y que luego haya gente que se queje de sus profesores... alguien quiere la dirección de mi autoescuela?

sigo perdida, claro...

Wednesday, June 07, 2006

No hago más que recordar...

La noche que pasamos juntos. No sé quién eres y no me importa (tampoco me importó entonces). Tampoco espero encontrarte a través de este post. Es sólo que te lo dedico por si existe la magia y me encuentras antes tú a mi.

Aquella noche debió ser la más triste que mi memoria me deja recordar. Aquella noche debió ser la más ocura de todas las que pasé en mi vida. Aquella noche necesitaba tanto algo que ni siquiera sabía qué era. Salí a pasear a oscuras, vestida de negro y con unas chanclas de piscina en los pies. No hacía frío pero tal vez fuera porque no sentía nada. Llevaba el pelo suelto y sin desenredar, caído a ambos lados de la cara. Caminaba con los brazos cruzados sobre la flaca cintura y los ojos mirando el suelo.

Montones de piedras incrustadas en el asfalto como si siempre hubieran estado ahí, como los millones de chicles que parecen integrados en el suelo de París a base de muchos años de pisadas. Farolas cada pocos metros y lo demás, nada. No sé el tiempo que anduve, no sé a dónde llegué, pero me senté en el portal más tétrico que encontré a mi paso.

De él saliste tú, con ese perrito demacrado al que parecías adorar, con la correa en una mano (es como si te diera pena ponérsela, como si quisieras que tu perro fuera tan libre como tú no podías ser) y una bolsa de plástico en la otra. Me preguntaste si me pasaba algo y te contesté algo así como "me pasa que no sé qué quiero hacer en la vida". Entonces me miraste a los ojos como si el perrito demacrado entonces fuera yo, y, agarrandome del brazo, dijiste "pues vente a vivir conmigo y ya haremos algo juntos".

Subimos a tu casa y nos tumbamos en tu cama, donde tienes esa manta maravillosa que parece sacada de un cuento de E. A. Poe, ya allí que nos quedamos, dormidos

sigo perdida, claro...

Monday, June 05, 2006

Recuerdas?

Recuerdas que hablamos del tío del metro? La cena fue el sábado. Yo: vestido negro escote palabra de honor (palabra de honor: eso sí que era un escote!!), ajustado en la cintura y a lo Carrie el resto. Ojos negros perfectamente perfilados y sombreados en el mismo color. Estética de lujo y 21 de la noche. Él: vaqueros rotos y camisa negra (elegante y arrebatador, esta vez sin carpeta de dibujante pero con la sonrisa aún más grande). Sitio: pequeño restaurante griego del centro de Madrid (si quieres referencias, hazmelo saber y te indico), romántico (a mi gusto un poco demasiado, por eso de que era la primera vez -de cena-) y con un camarero impresionante. Impresionantemente guapo (vale ya con las distracciones, joé) Buen vino, buena charla, algunos apropiados y descuidados roces en las manos y un postre genail (maldita miel, que me da alergia, estropeó el yogurt griego con el picor de oídos. No quería joder nada así que no se lo dije y me comí todita la miel. A ver cómo piensas que pude aguantar luego el picor de oídos)

Todo bien, ¿verdad? Pues no.

Resto de la velada: el sexy vestido negro resultó insuficiente cuando se levantó el viento y el frío impropios del mes en el que estamos. Él y yo, ya sin sonrisas, sentados en un banco de la calle más pija de toda la ciudad, con el resto del vino de la cena y una borrachera incipiente. Debimos pasar como un par de horas mirando la gente pasar mientras juábamos a opinar con quién de ellos nos lo montaríamos ahí mismo. (¿tú lo entiendes?)

Dejo una pregunta en el aire: ¿por qué coño hay muchísimas más tías buenas que tíos buenos? Yo perdí, obviamente, el chico de la dulce sonrisa se habría tirado a estas alturas a medio Madrid y yo no encontré a ninguno. Pero bueno, al final del todo me llevó a casa y me dijo que quería subir...

"vamos a ver, chaval... que sí, que eres muy guapo, pero yo es que prefiero a cualquiera de los gorditos calvitos que hemos visto esta noche...sabes?" La cara que puso me hizo intuir que no lo entendía. Quise darle una oportunidad (soy buena... mintiendo) y nos besamos. Pero es que además de todo besaba fatal.

sigo perdida, claro...

Sunday, June 04, 2006

Pero voy a contarlo... mi primer sexo fue tan tardío que empezó fuerte. Tenía, no se asusten, 22 años, o sea, hace poco más de uno. Empezó así de tarde por muchos motivos. Inseguridad, miedo... y falta de novios expertos. Todos demasiado jóvenes, demasiado tímidos, demasiado poco duros. Hasta que lo conocí a él, un hombre mayor que yo, abierto, experto. Me costó dos meses dejarme llevar, dos meses de juegos en casa y toqueteos varios, dos meses de discusiones y palabras como calientapollas resonando en mis oidos. No era malo, era brutal, y me gustaba.

Quedamos un día de terrible calor, me preparó una deliciosa comida y nos emborrachamos con wisky del bueno. No lo necesitaba pero así fue. Después de comer, con el calor del alcohol ahogándonos desde dentro, empezó la aventura más excitante de mi vida (de mi vida hasta entonces) Su mano buscó mi cuerpo por debajo de una camiseta blanca de tirantes, y desabrochó mi sujetador de rayas en un segundo. Yo busqué su cuerpo aunque no me atrevía a desnudarlo. Nos tocamos, nos besamos, nos abrazamos, y él se quitó la ropa. Me quitó la camiseta y desabrochó mis pantalones. Las bragas moradas que llevaba debajo, nuevas y tremendamente sexys (yo misma las compré, claro), ya estaban sorprendentemente mojadas y me daba vergüenza que él lo notara.

Pasó sus manos por todo mi cuerpo a medida que su lengua iba avanzando por mi cuello. Tenía la carne de gallina (la piel de pollo, como suelo decir yo) y el sexo caliente. Me quitó la ropa y me sentí libre, seguía acariciándome y yo apenas podía mantener la consciencia. Pasó su mano entre mis muslos, subió con tal suavidad que podía sentir mi propio sexo palpitando al ritmo cardiaco... pasó sus dedos por mis labios, acarició mi clítoris y, después de gruñir un está enorme, metió su índice dentro de mi. No podía creerlo (no era como cuando me masturbaba yo, era tan alucinante que...), jadeaba, me contoneaba, le apretaba contra mí y me sentía más viva que nunca. Jugueteó ahí dentro, me lamío el cuello, me mordió las orejas, me chupó los pezones a la vez que, con su mano libre, me apretó los pechos. Tenía los pezones duros y estaba chorreando.

Se giró para coger un condón y yo se lo puse. Él tuvo que controlar que lo hiciera bien, lo controlaba todo, me ordenaba, me colocaba, me ponía muy caliente... Se lo coloqué y se puso entre mis piernas, yo notaba el calor brotando de mi cuerpo, quería gritar, quería morderlo, pero aún era pronto, era muy pronto... Le dije no va a caber con la timidez de los inexpertos y él se rió. Se acercó a mi y con su mano firme, me metió la polla hasta dentro, despacito, pero de una vez. Creí que me iba a morir.

Depués de eso fue todo una locura que no soy capaz de describir. Me sentí llena de un tipo brutal y me sentí poderosa cuando se corrió dentro de mí, soltando alaridos y barbaridades. Nos tumbamos juntos, sudorosos y agotados. Habían pasado 7 horas desde que terminamos el wisky.

sigo perdida, claro...

Friday, June 02, 2006

Sex in M

Esta mañana hice algo inapropiado (o eso opinarían muchos retrógrados) Iba en el metro, de camino a un examen, ya puestos a dar datos, y se sentó delante de mi uno de los tíos más atractivos de toda la Linea 1 (o probablemente el único tío atractivo, tengo que decir que esa linea está plagada de gente rara... y no precisamente adonis...) Vaqueros desgastados y caídos, unas zapatillas de última moda, camiseta gris y dentro de todo eso, un perfecto cuerpo enfundado. Tenía el pelo oscuro y despeinado, le caía por la cara sin ocultar, eso habría sido un pecado imperdonable, dos ojos brilantes y enormes dirigidos directamente a mi.

La idea del último repaso antes de llegas a la facultad se diluyó por completo y aún hoy, 36 horas post-examen, no ha vuelto. Me pasé 10 estaciones mirando ese ser perfecto y mullido, hasta que se tenía que bajar (él, claro, yo me habría quedado ahí sentada, hipnotizada, tratando de captar el olor de su cuerpo, aunque ese tren nos llevara a Mongolia...). Se agachó para coger una carpeta (probablemente arquitecto, ingeniero o mucho mejor aún, dibujante...) y antes de levantar su precioso y perfectamente formado culito del asiento, me dirigió una mirada que más que una mirada fue una penetración.

Lo decidí, a mi qué más me da? Me bajé detrás de él. "Perdona... no pienses que estoy loca, pero voy a un examen y hace mucho tiempo que perdí el poco sentido del ridículo que me quedaba... sólo quería decirte que me gustas". él me miró con una sonrisa tatuada en la boca (joder, qué sonrisa, si es que el chico parecía un sueño) y me dijo "bueno... haces esto muy a menudo?" "Es que llevo dos días viendo Sexo en Nueva York y ahí esto lo hacen todas continuamente".

Tengo una cena dentro de dos días, y llevo horas mirando la serie en busca de un modelito que me asegure el triunfo. Ya os contaré.

Sigo perdida, claro...