HE PERDIDO LA MUSA
He perdido la musa. Y la muy puta se niega a aparecer.
Mira que he hecho cosas para recuperarla, para ponerme en contacto con ella, para que vuelva a casa. Ni siquiera sé si debo sentirme mal, no sé si ha sido por mi culpa que ella se ha largado a no se sabe dónde. Al principio pensé que sería algo pasajero, como uno de esos fines de semana románticos, solo que con otro. Pero no volvió el lunes. Me enfadé tanto que grité, chillé y rompí todo lo que podía recordármela. Seguidamente me sentí fatal, porque era justo esa violencia la que a ella le asustaba, decía que podía sentir cómo se me ponían los pelos de punta. Sin embargo ella me lo consentía, siempre, me consentía todo y también eso. Porque muchas veces, de esos momentos de rabia y dolor descontrolado, surgían ideas, nuevas historias, que nos acercaban aún más. Luego ella me perdonaba y las aguas volvían a su puto cauce.
Pero ahora no aparece por ningún lado. Miro detrás del sofá y no está, debajo de las sábanas tampoco, me arranco la piel a tiras y tampoco la veo. Salgo a la calle y vago por cualquier sitio, paso por los lugares que más le gustaban y tampoco está allí esperándome. Podría haber sido ese un final bonito y digno, algo así como un reencuentro en alguno de esos escenarios que creé para los dos.
Yo no quiero esto, no quiero quererla, no quiero esperar que aparezca cualquier otra, no me vale, porque a otra que venga no la voy a conocer y no la voy a saber cuidar, y ella no me querrá a mi, ni me consentirá nada, ni sabrá lo que me gusta, no sabrá a qué sitios quiero ir en un viaje sin planificación, ni sabrá qué canciones me ponen de mal humor, y no sabrá qué película ponerme cuando esté triste, o qué libro dejar caer de la estantería azul cuando no se me ocurra qué poner en un papel. Y no queriendo todo eso, y queriendo sólo lo único que puedo querer, me quedo sin nada. Y la sensación de soledad es la más grande que he sentido nunca. Porque sin ella no puedo pensar y lo único que puedo hacer es pensar en ella. Que no está porque se ha ido.
No sé qué hacer.
De modo que este blog se declara, al menos de momendo, de baja por parálisis cerebral. (te sigo esperando, maldita... ya sabes, ni contigo ni sin ti)
sigo perdida, claro...
Mira que he hecho cosas para recuperarla, para ponerme en contacto con ella, para que vuelva a casa. Ni siquiera sé si debo sentirme mal, no sé si ha sido por mi culpa que ella se ha largado a no se sabe dónde. Al principio pensé que sería algo pasajero, como uno de esos fines de semana románticos, solo que con otro. Pero no volvió el lunes. Me enfadé tanto que grité, chillé y rompí todo lo que podía recordármela. Seguidamente me sentí fatal, porque era justo esa violencia la que a ella le asustaba, decía que podía sentir cómo se me ponían los pelos de punta. Sin embargo ella me lo consentía, siempre, me consentía todo y también eso. Porque muchas veces, de esos momentos de rabia y dolor descontrolado, surgían ideas, nuevas historias, que nos acercaban aún más. Luego ella me perdonaba y las aguas volvían a su puto cauce.
Pero ahora no aparece por ningún lado. Miro detrás del sofá y no está, debajo de las sábanas tampoco, me arranco la piel a tiras y tampoco la veo. Salgo a la calle y vago por cualquier sitio, paso por los lugares que más le gustaban y tampoco está allí esperándome. Podría haber sido ese un final bonito y digno, algo así como un reencuentro en alguno de esos escenarios que creé para los dos.
Yo no quiero esto, no quiero quererla, no quiero esperar que aparezca cualquier otra, no me vale, porque a otra que venga no la voy a conocer y no la voy a saber cuidar, y ella no me querrá a mi, ni me consentirá nada, ni sabrá lo que me gusta, no sabrá a qué sitios quiero ir en un viaje sin planificación, ni sabrá qué canciones me ponen de mal humor, y no sabrá qué película ponerme cuando esté triste, o qué libro dejar caer de la estantería azul cuando no se me ocurra qué poner en un papel. Y no queriendo todo eso, y queriendo sólo lo único que puedo querer, me quedo sin nada. Y la sensación de soledad es la más grande que he sentido nunca. Porque sin ella no puedo pensar y lo único que puedo hacer es pensar en ella. Que no está porque se ha ido.
No sé qué hacer.
De modo que este blog se declara, al menos de momendo, de baja por parálisis cerebral. (te sigo esperando, maldita... ya sabes, ni contigo ni sin ti)
sigo perdida, claro...
