Cenizas
Resurgiendo de ellas aparece una figura sin bordes perfilados, una diminuta sombra enflaquecida, con el pelo largo y descuidado cayendo en violentos mechones a ambos lados de su cabeza. Camina despacio, sin mirar al frente, con los ojos concentrados en el suelo ardiente, sujetando las lágrimas que no quiere derramar. Lleva los pies descalzos, polvorientos, y los arrastra con la tranquilidad de quien lleva mucho tiempo fuera y aún no sabe por qué está donde está. Se pasea en un corto tramo de tierra roja, primero a un lado, luego al otro, y el viento levanta levemente la parte inferior de su vestido, dejando ver un par de piernas morenas y muy delgadas.
No sabe cuánto tiempo ha estado bajo aquella tierra, respirando a través de su imaginación. Pero sabe que ha sido mucho, aunque intuye, en su pecho de estrella viviente, que no ha sido demasiado, no aún.
Al parecer nunca estuvo muerta del todo, pero estaba tan cansada que ni fuerzas tenía de decirlo.
Desde entonces miles de cosas han cambiado. El mundo ya no es el que ella conocía. Y eso vuelve a ser un tema carente de toda importancia.
Allí está ella, esbelta, morena y decidida.
Seguía perdida... y aún debo estarlo...
No sabe cuánto tiempo ha estado bajo aquella tierra, respirando a través de su imaginación. Pero sabe que ha sido mucho, aunque intuye, en su pecho de estrella viviente, que no ha sido demasiado, no aún.
Al parecer nunca estuvo muerta del todo, pero estaba tan cansada que ni fuerzas tenía de decirlo.
Desde entonces miles de cosas han cambiado. El mundo ya no es el que ella conocía. Y eso vuelve a ser un tema carente de toda importancia.
Allí está ella, esbelta, morena y decidida.
Seguía perdida... y aún debo estarlo...
