Mr. Opistótonos apareció una soleada mañana con una cartulina de letras doradas dirigidas a mi nombre enrrollada en una de sus dos garras. Me miró fijamente a los ojos, como si sólo con su aparición, me hubiera abofeteado veinte veces en la cara. Me agarró de ambos brazos y sin que yo me resistiera un segundo, me sentó bruscamente en una silla de barrotes blancos. Me dejó ahí, con la cartulina medio enrrollada en el suelo y cerró la puerta detrás de él.
Vino al día siguiente Mieloma Múltiple, y me torturó dejando mi sangre estropearse.
Vino luego Colesteatoma y me dejó sorda.
Vino Neuritis Retrobulbar y me dolieron ambos ojos.
Vino entonces Espondilitis Anquilosante y se rió de mi cuerpo.
Vino también Kleibsella, y Pseudomona y Jiroveci, y ni la eritromicina pudo salvarme.
Vino Semilunar y se luxó en mi mano.
Vino Liquen Plano y decidí rascarme hasta que me hice heridas.
Vino Nec y me tuvo seis meses con diarrea.
Vino Glomerulonefritis Esclerosante y Focal y me preguntaron si quería tener SIDA.
Vino también Hemofilia y me garantizó que mi descendencia no podría coagular.
Vino Amenorrea y me hizo temblar de pánico.
Vino endometriosis y, para mi sorpresa, se ensañó con mi pulmón.
Pasaron 30 días en los que sólo les faltó enterrarme viva. Pero qué tontería, todos ellos y todos los demás prefieren tenerme así, sentada en la silla de barrotes, para poder jugar conmigo... por lo menos hasta enero.
Sigo perdida, claro...
Vino al día siguiente Mieloma Múltiple, y me torturó dejando mi sangre estropearse.
Vino luego Colesteatoma y me dejó sorda.
Vino Neuritis Retrobulbar y me dolieron ambos ojos.
Vino entonces Espondilitis Anquilosante y se rió de mi cuerpo.
Vino también Kleibsella, y Pseudomona y Jiroveci, y ni la eritromicina pudo salvarme.
Vino Semilunar y se luxó en mi mano.
Vino Liquen Plano y decidí rascarme hasta que me hice heridas.
Vino Nec y me tuvo seis meses con diarrea.
Vino Glomerulonefritis Esclerosante y Focal y me preguntaron si quería tener SIDA.
Vino también Hemofilia y me garantizó que mi descendencia no podría coagular.
Vino Amenorrea y me hizo temblar de pánico.
Vino endometriosis y, para mi sorpresa, se ensañó con mi pulmón.
Pasaron 30 días en los que sólo les faltó enterrarme viva. Pero qué tontería, todos ellos y todos los demás prefieren tenerme así, sentada en la silla de barrotes, para poder jugar conmigo... por lo menos hasta enero.
Sigo perdida, claro...

2 Comments:
Ánimo... aún quedan muchos por venir y visitarte... pero una vez hayan venido todos, una vez los hayas conocido, podrás vencerlos y nunca más podrán tocarte...
thank´s baby!
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