Wednesday, May 31, 2006

Confesión 1

Se me quedó algo que admitir de mi misma, con la única pretensión de evitar confusiones... Además de todo lo que ya soy, soy una persona que odia. Sí, ese verbo que nadie admite hacer pero que todos practican, yo a veces odio. Y no se crean, se me da genial. Pensé que un ente puro como soy yo (puta mentirosa) no podría tener cabida en un mundo de odio. Y efectivamente no tengo cabida, me salí hace muchos meses.

Descubrí que podía odiar cuando sentí el dolor físico más terrible que un cuerpo menudo como es el mío puede llegar a soportar sin morir. Salí de la facultad un día lluvioso de esos que tanto me gustan (ironía de puta) y antes de llegar al metro me precipité burdamente sobre las escaleras de la entrada. Tuve que mover brazos y piernas antes de aterrizar en un suelo congelado y húmedo, con la boca abierta sobre un escalón de piedra. Y me quedé ahí atrapada, sin poder moverme y con los ojos inundados de lluvia y de dolor.

Veinte minutos. Casi veinte minutos tardé en levantarme. Estaba hecha polvo y entonces lo vi. Un tipo grande y gordo (insisto, era gordo, lo cual equivale a dos potentes brazos con los que pudo haberme levantado del suelo veinte minutos antes) Sólo me hicieron falta dos brazos y no me los dejó. Se los puso a lo largo del tronco (por decir algo) y los movió rítmicamente al son de su propia risa. Se estaba descojonando desde hacía veinte minutos. De mi.

Lo sentí entonces, comprenden? Entonces se me encendió algo lujurioso y potente dentro, quise que se arrepintiera de lo que había hecho, sentía el fuego quemando mi cuerpo y sentí el ODIO. Ahí fue cuando y donde empezó todo. Me fui a casa con la cabeza baja y la boca sabiendo a sangre.

Desde ahí fui incapaz de parar.

sigo perdida, claro...

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